As bestas (2022)

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As bestas

🎬 Año: 2022

⏱ Duración: 2h 17 min

🌍 País: España

🎥 Director: Rodrigo Sorogoyen

📖 Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

🎭 Género: Drama, Susense

💰 Presupuesto: $3.900.000

💵 Taquilla: $10.067.896

🎬 Disponibilidad en streaming
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🐺 As Bestas: cuando el campo no es bucólico sino un ring de boxeo

As Bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022) no es una película rural. Es una película sobre el miedo, solo que el miedo aquí no lleva máscara ni machete, lleva boina, silencio y una sonrisa torcida. Sorogoyen coge la Galicia verde de los folletos turísticos, la exprime como un limón viejo y te lanza el ácido a los ojos. Lo que queda es un thriller áspero, incómodo y feroz que demuestra que el verdadero terror no vive en casas encantadas sino en la convivencia forzada.

Desde el primer minuto la película te avisa. No va a acariciarte el lomo, va a observarte como una vaca observa al forastero: sin parpadear y con juicio previo. Aquí no hay monstruos sobrenaturales, hay algo peor: gente convencida de que la razón es suya por derecho ancestral.


🌲 Galicia profunda: postal bonita, veneno lento

Sorogoyen utiliza el paisaje gallego como un truco de magia inverso. Donde esperas paz, te da tensión. Donde imaginas naturaleza sanadora, te ofrece aislamiento. El bosque no protege, vigila. Las montañas no acogen, encierran. El campo no es un refugio, es un ecosistema cerrado con normas no escritas y castigos muy claros para quien no las entienda.

La Galicia de As Bestas no es caricatura, pero tampoco es postal amable. Es un territorio donde el tiempo parece detenido y, precisamente por eso, cualquier cambio se vive como una agresión. El progreso no entra aquí con pancarta, entra con ruido, con dinero ajeno y con decisiones tomadas lejos. Y eso genera un resentimiento que fermenta despacio, como el vino casero que nadie más se atreve a probar.


🧔 Antoine: el idealista con los zapatos equivocados

Antoine, el protagonista interpretado por Denis Ménochet, llega al pueblo con la ilusión del urbanita reconvertido a rural. Quiere cultivar, integrarse, vivir mejor. Su pecado no es la arrogancia explícita, es algo más sutil y más letal: cree que el sentido común es universal.

Antoine no entiende que en ese pueblo no gana quien tiene razón, gana quien lleva allí toda la vida. No comprende que negarse a vender un terreno no es una decisión individual sino un gesto político. Él juega al ajedrez racional mientras los demás juegan al dominó emocional. Y en ese desajuste empieza la tragedia.

Sorogoyen es cruel pero justo: Antoine no es un villano, pero tampoco un mártir perfecto. Su obstinación tiene algo de ceguera ilustrada, de creer que la ley y la lógica bastan para ordenar el mundo. Spoiler emocional: no bastan.


👥 Los hermanos Anta: cuando el silencio grita

Xan y Loren Anta no necesitan grandes discursos. De hecho, cuanto menos hablan, más miedo dan. Son la encarnación del rencor heredado, del agravio transmitido como una propiedad más. No son locos, no son psicópatas de manual. Son vecinos. Y ahí está el horror.

Luis Zahera, en estado de gracia permanente, compone a Xan como una bomba de relojería emocional. Cada mirada es una amenaza, cada frase parece contener otra que nunca se dice. El odio no explota, rezuma. Y ese rezume constante crea una atmósfera irrespirable donde el conflicto no se resuelve, se enquista.

Ellos no se ven a sí mismos como villanos. Se ven como víctimas del desprecio, del dinero que pasa por encima, de la modernidad que no pregunta. Y esa autojustificación los vuelve peligrosísimos.


⚖️ La ley, esa turista despistada

Uno de los grandes aciertos de As Bestas es su retrato de la justicia institucional. La ley aparece, sí, pero siempre llega tarde, mira mal y se va pronto. Guardias civiles, jueces y funcionarios orbitan el conflicto sin tocarlo de verdad. Como si el problema fuera demasiado rural para ser serio.

Sorogoyen plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando el Estado no protege de forma efectiva? La respuesta es sencilla y aterradora: manda la ley del más persistente. Y en un entorno donde la presión psicológica es constante, el más persistente suele ser el más cruel.

No hay discurso panfletario, solo hechos. Y los hechos dicen que la burocracia no sabe qué hacer con el odio enquistado.


🎥 Dirección: tensión cocinada a fuego lento

Sorogoyen dirige como quien aprieta una soga milímetro a milímetro. No hay música manipuladora, no hay giros de guion histéricos. Hay planos largos, silencios incómodos y conversaciones que parecen triviales hasta que te das cuenta de que son duelos verbales.

La famosa escena del bar es ya material de estudio. Dos hombres sentados, hablando de nada y de todo. El lenguaje se convierte en arma, la educación en provocación y la calma en amenaza. Es cine que no grita, susurra con mala intención.

Aquí el thriller no corre, avanza despacio, asegurándose de que no tienes escapatoria emocional.


🩸 Violencia: lo que no se ve duele más

As Bestas entiende algo fundamental: la violencia más efectiva es la que se anuncia. El miedo no nace del golpe, nace de la espera. De saber que algo va a pasar y no poder evitarlo.

Cuando la violencia estalla, no es catártica. Es sucia, rápida y devastadora. No hay heroicidades ni música épica. Solo consecuencias. Sorogoyen huye del espectáculo y apuesta por el impacto moral. Sales de la escena no excitado, sino agotado.

Y eso es mucho más perturbador.


👩 Olga: la resistencia silenciosa

La segunda mitad de la película cambia de eje y pone el foco en Olga, interpretada con una contención admirable por Marina Foïs. Ella no grita, no desafía frontalmente, no se deja arrastrar por el odio. Resiste.

Olga encarna otra forma de valentía: la de seguir viviendo cuando el entorno te empuja a desaparecer. Su lucha es menos visible, pero más prolongada. Ya no se trata de ganar, sino de no ceder el relato.

Aquí la película se vuelve más reflexiva, más amarga, pero también más humana. El conflicto deja de ser solo un duelo y se convierte en una herida abierta.


🧠 As Bestas como metáfora social

Más allá del thriller, As Bestas habla de algo muy actual: la fractura entre mundos que no se entienden. Campo y ciudad, tradición y cambio, identidad y mercado. Nadie escucha de verdad, todos hablan desde su trinchera.

Sorogoyen no reparte carnets de buenos y malos de forma sencilla. Muestra cómo el resentimiento crece cuando se ignora, cómo la dignidad mal gestionada se transforma en violencia, cómo la falta de diálogo convierte cualquier desacuerdo en una guerra.

Es cine político sin eslóganes. Cine incómodo porque no te deja salir limpio.


🐗 ¿Quiénes son las verdaderas bestas?

La gran pregunta que sobrevuela la película no tiene respuesta cerrada. ¿Son bestas los hermanos Anta? ¿Lo es Antoine por su obstinación? ¿Lo es el sistema que mira hacia otro lado?

Quizá la bestialidad no está en la brutalidad explícita, sino en la incapacidad de ponerse en el lugar del otro. En la deshumanización progresiva. En convertir al vecino en obstáculo.

El título no señala, acusa al aire. Y el aire somos todos.


🎬 Conclusión: una película que no te suelta

As Bestas no se ve, se padece. No busca agradar, busca quedarse contigo. Es un thriller rural que funciona como espejo deformante de una sociedad donde el conflicto se enquista porque nadie quiere ceder ni escuchar.

Sorogoyen firma una de las películas españolas más contundentes de los últimos años. Inteligente, gamberra en su crudeza, feroz sin ser gratuita. Un puñetazo sin música que te deja pensando mucho después de que se enciendan las luces.

Sales del cine con una certeza incómoda: las bestas no viven en el monte. Viven en cualquier sitio donde el diálogo se sustituye por el orgullo y el silencio se convierte en arma.

Y eso, amigo lector, da bastante más miedo que cualquier monstruo. 🐾

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