The People’s Joker
🎬 Año: 2022
⏱ Duración: 1h 32 min
🌍 País: Estados Unidos
🎥 Director: Vera Drew
📖 Guion: Bri LeRose, Vera Drew
🎭 Género: Comedia
💰 Presupuesto: $100.000
💵 Taquilla: $4057
🃏 The People’s Joker (2022): el anti-blockbuster que se ríe de todo, incluso de sí mismo
🎬 Un Joker que no pidió permiso a nadie
Hay películas que llegan a los cines con fanfarrias, campañas de marketing de millones y trailers que parecen anuncios de perfume. Y luego está The People’s Joker (2022), que aparece como un grafiti en una pared corporativa: inesperada, incómoda y orgullosamente ilegal en espíritu. Dirigida por Vera Drew, esta película no solo toma el universo de Joker y Batman, sino que lo desmonta pieza por pieza, lo mezcla con autobiografía trans, cultura del stand-up y memes de internet, y luego lo lanza de vuelta al espectador con la elegancia caótica de una bomba de confeti.
La premisa, sobre el papel, suena como una broma que alguien haría a las tres de la mañana: una reinterpretación queer y autobiográfica del Joker en la que Gotham es básicamente un club de comedia neoliberal donde el humor está regulado por corporaciones. Pero lo sorprendente es que funciona. No siempre de forma elegante, desde luego, pero sí con una coherencia emocional que muchas superproducciones de cien millones jamás logran.
Lo primero que queda claro es que esta no es una parodia convencional. No es simplemente reírse de los superhéroes. Es algo más parecido a un collage psicodélico donde cada escena parece haber sido montada por alguien que encontró una caja de VHS de los noventa, una suscripción a Adobe y demasiadas ideas brillantes para una sola película.
🧠 Autobiografía disfrazada de cómic caótico
Bajo el maquillaje grotesco y la estética deliberadamente cutre se esconde una historia muy personal. La protagonista, una versión ficticia de Vera llamada “Joker the Harlequin”, intenta convertirse en comediante mientras lidia con identidad de género, expectativas sociales y un sistema cultural que convierte la creatividad en franquicia.
Este Joker no quiere destruir Gotham por puro nihilismo. Quiere hacer reír. Lo cual, en esta película, es aparentemente un crimen más grave.
La historia se mueve entre dos registros narrativos. Por un lado, el universo de superhéroes reinterpretado como un reality show corporativo. Por otro, una especie de confesión íntima sobre crecer sintiendo que el mundo te exige actuar en un papel equivocado.
El resultado es raro, incluso incómodo. Pero esa incomodidad es el punto. Mientras Joker (2019) convertía al villano en un símbolo de alienación masculina con estética de prestigio, The People’s Joker hace algo mucho más radical: lo convierte en un avatar de autodescubrimiento queer.
Es menos “origen del villano” y más “diario personal en forma de caos audiovisual”.
🤡 Gotham como sátira del capitalismo creativo
Uno de los golpes más certeros de la película es su versión de Gotham. Aquí la ciudad no está dominada por el crimen organizado sino por algo mucho más contemporáneo: la industria del entretenimiento.
En esta Gotham, la comedia está controlada por una especie de monopolio cultural llamado UCB, una referencia bastante transparente a Upright Citizens Brigade, el famoso teatro de improvisación. En el universo de la película, las bromas están literalmente reguladas. Hacer humor fuera del sistema es prácticamente ilegal.
Es un chiste brillante porque toca un nervio real. La comedia moderna muchas veces funciona como una burocracia cultural donde la originalidad pasa por filtros institucionales. Aquí ese fenómeno se exagera hasta lo absurdo: Gotham se convierte en una startup del entretenimiento donde el arte debe ser “aprobado”.
La película dispara contra todo: la industria cultural, los fandoms obsesivos, la nostalgia corporativa, incluso el propio concepto de propiedad intelectual.
No es casualidad que la película haya tenido problemas legales antes de estrenarse. Su existencia misma parece una provocación.
🎨 Estética: el arte del caos deliberado
Visualmente, The People’s Joker parece una mezcla entre animación flash, VHS deteriorado, collage digital y sueños febriles de Tumblr.
Hay escenas con fondos animados baratos, otras con efectos dignos de un vídeo de YouTube de 2007, y otras que parecen sacadas de una pesadilla pop. Todo esto está hecho a propósito.
La película abraza lo artificial con entusiasmo. No intenta competir con el espectáculo hiperrealista de las películas de superhéroes. Prefiere sabotearlo desde dentro.
El resultado recuerda vagamente a experimentos del cine underground y del internet primitivo. También hay ecos de Tim and Eric Awesome Show, Great Job! en el humor surrealista y de Who Framed Roger Rabbit en la mezcla descarada de estilos visuales.
Pero la estética no es solo un chiste. Refleja la mente de la protagonista: fragmentada, saturada de referencias culturales y constantemente reinventándose.
La película no quiere ser bonita. Quiere ser libre.
🎭 El Joker como metáfora de transición
El elemento más potente del film es su lectura del Joker como símbolo de transformación.
Tradicionalmente, el Joker representa caos o nihilismo. Aquí representa algo diferente: identidad en construcción.
La historia conecta la transición de género con la idea de reinventarse fuera de las normas sociales. El maquillaje del Joker deja de ser máscara para convertirse en una especie de armadura emocional.
Esto podría haber resultado pesado o didáctico. Pero la película evita ese peligro gracias a su humor absurdo y a su capacidad para reírse de sí misma.
Hay algo profundamente honesto en esa mezcla de vulnerabilidad y sátira. La película nunca pretende tener todas las respuestas. Más bien funciona como una carta de amor al caos de descubrir quién eres.
🦇 Batman convertido en chiste cultural
En este universo, Batman aparece más como símbolo que como personaje.
No es el vigilante oscuro que todos conocemos. Es una especie de institución cultural omnipresente, casi una marca registrada del orden social.
La película se burla suavemente de la obsesión de Hollywood con los orígenes traumáticos de los superhéroes. Aquí esos mitos aparecen desinflados, como globos que alguien pinchó con un alfiler.
Lo interesante es que el film no ataca a Batman con odio. Más bien lo trata como una reliquia narrativa. Un símbolo que ya no encaja del todo en el mundo contemporáneo.
Es una forma elegante de decir que quizá los mitos del siglo XX necesitan ser reescritos.
🎤 La comedia como campo de batalla
Uno de los temas centrales es el mundo del stand-up. La película retrata la comedia como un espacio lleno de egos, reglas implícitas y jerarquías absurdas.
La protagonista quiere ser comediante pero descubre que el sistema no premia la originalidad tanto como la conformidad.
Esto conecta con una idea interesante: el humor siempre ha sido una herramienta para desafiar el poder. Pero cuando el humor se institucionaliza, pierde parte de esa fuerza.
En The People’s Joker, la comedia vuelve a ser peligrosa.
Hacer reír se convierte en un acto de rebelión.
🧩 Una narrativa deliberadamente fragmentada
Si alguien espera una historia clásica con tres actos perfectamente ordenados, esta película probablemente le dará dolor de cabeza.
La narrativa es caótica. Saltos de tono, rupturas visuales, cambios de estilo. A veces parece más un ensayo audiovisual que una película tradicional.
Pero ese desorden tiene lógica interna. Refleja la experiencia de la protagonista y la naturaleza fragmentada de la cultura digital.
Vivimos en un mundo donde nuestra identidad se construye entre memes, referencias y recuerdos. La película captura ese fenómeno con una honestidad brutal.
No siempre es fácil de seguir, pero rara vez es aburrida.
🌈 Representación queer sin pedir disculpas
Mucho cine que intenta representar identidades LGBTQ+ cae en dos trampas: el drama solemne o la comedia superficial.
The People’s Joker evita ambas.
La identidad queer aquí no es un tema secundario ni un elemento educativo. Es simplemente el centro emocional de la historia.
La película habla de disforia, aceptación y comunidad, pero lo hace con una energía anárquica que evita el tono sermoneador.
En lugar de pedir empatía al espectador, la película se limita a existir con total descaro.
Ese gesto es, en sí mismo, político.
💥 La guerra contra la propiedad intelectual
Una de las capas más fascinantes de la película es su relación con la cultura corporativa.
El cine de superhéroes se basa en la propiedad intelectual. Personajes, universos, franquicias. Todo está protegido, controlado y monetizado.
The People’s Joker juega con ese sistema como un hacker juguetea con un firewall.
Usa personajes reconocibles, los deforma y los convierte en herramientas para contar algo completamente distinto.
Es casi un manifiesto artístico sobre quién tiene derecho a contar historias dentro de la cultura popular.
En otras palabras: ¿los mitos pertenecen a las corporaciones o a la gente?
La película parece tener una respuesta bastante clara.
🧃 Humor absurdo, memes y cultura de internet
El tono del film recuerda mucho al humor de internet. Chistes que aparecen y desaparecen en segundos, referencias ridículas, momentos que parecen diseñados para convertirse en gifs.
Esto puede resultar agotador para algunos espectadores.
Pero también captura algo muy real sobre cómo consumimos cultura hoy. La narrativa lineal ha sido reemplazada por una especie de mosaico de estímulos.
La película se mueve en ese lenguaje con naturalidad.
A veces parece un hilo de Twitter con presupuesto de cine indie.
⚖️ Los defectos también forman parte del espectáculo
No todo funciona perfectamente.
Hay escenas que se alargan demasiado. Algunas bromas no aterrizan. Y el ritmo narrativo puede sentirse irregular.
Pero curiosamente esos defectos forman parte del encanto.
La película no intenta ser perfecta. Intenta ser auténtica. Y en un ecosistema cinematográfico dominado por productos calculados al milímetro, esa imperfección resulta refrescante.
Es como escuchar una banda tocando en un garaje después de semanas de música producida por algoritmos.
🏁 Conclusión: un Joker que dinamita el canon
The People’s Joker no es una película para todo el mundo. Probablemente tampoco quiere serlo.
Es caótica, experimental, provocadora y profundamente personal. Pero precisamente por eso se siente viva.
En un panorama saturado de franquicias perfectamente calibradas, esta película entra como un payaso con dinamita en el bolsillo. No para destruir el mito del Joker, sino para demostrar que todavía puede reinventarse.
Puede que algunos espectadores la encuentren irritante. Otros la considerarán brillante.
Pero lo que es casi imposible es verla y quedarse indiferente.
Y en el cine contemporáneo, donde tantas películas se olvidan antes de salir del parking del cine, esa ya es una victoria bastante espectacular. 🎬🃏
