¡Bruja, más que bruja! (1977)

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¡Bruja, más que bruja! – Ficha Técnica
Póster de ¡Bruja, más que bruja!

¡Bruja, más que bruja!

★★★☆☆ 6.1 / 10
🎬 Año1977
⏱ Duración1h 32 min
🌍 PaísEspaña
🎥 DirectorFernando Fernán Gómez
📖 GuionF. Fernán Gómez, Pedro Beltrán
🎭 GéneroComedia, Drama, Musical
💰 Presupuesto$13,000,000
💵 Taquilla$9,681

🎬

¿Dónde verla?

Disponibilidad en streaming, alquiler y compra

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Source: JustWatch

🎬 ¡Bruja, más que bruja! (1977): Deseo, crimen rural y zarzuela con mala leche

🌾 Prólogo: el día que el musical español decidió mirar de frente lo feo

Si hay un director que sabía coger la tradición española y retorcerla hasta que soltara chispas de esperpento, ese era Fernando Fernán Gómez. Con ¡Bruja, más que bruja! (1977), el mismo que ya había firmado El extraño viaje y El mundo sigue decidió que el cine no necesitaba embellecerse, sino todo lo contrario: ensuciarse, cantar mal a propósito y mirar lo rural sin maquillaje.

El resultado es una película que parece un musical desajustado a propósito, como si la zarzuela hubiera pasado por un incendio lento y aun así siguiera en pie, cantando. Feísmo consciente, teatralidad rota y una sensación constante de que todo está a punto de desmoronarse… pero no acaba de hacerlo.


🧠 Trama: deseo mal colocado y consecuencias inevitables

En un pueblo perdido de Guadalajara, Mariana (Emma Cohen) vive atrapada en un entorno donde nada es neutro y todo se interpreta. Está casada con Tío Justino (el propio Fernán Gómez), un hombre mayor, rico y con esa autoridad que no se discute porque el sistema ya la ha asumido.

Pero el verdadero foco de tensión es Juan (Francisco Algora), el sobrino, que vuelve del servicio militar con una mezcla bastante peligrosa de deseo, frustración y cero talento para la contención emocional.

No hay misterio real aquí. La película no juega a sorprender: juega a mostrar cómo una situación ya torcida desde el principio se va cerrando sola hasta explotar. El triángulo amoroso no se rompe, se pudre.


🩸 El crimen: lógica torcida, resultado seco

El asesinato del Tío Justino no llega como giro dramático sino como consecuencia inevitable. Un hachazo seco, sin heroísmo ni estilización, casi funcional. No hay épica, solo una decisión mal tomada que activa el resto del desastre.

A partir de ahí, la película no acelera: observa. El crimen no libera la tensión, la redistribuye.


🌵 El pueblo: una maquinaria que todo lo ve

El pueblo no es escenario, es estructura. Un sistema cerrado donde todo el mundo observa, comenta y, sobre todo, interpreta.

Las calles de tierra, las ventanas abiertas, los silencios largos… todo contribuye a una sensación de vigilancia permanente. Aquí nadie necesita intervenir porque el propio entorno ya ejerce presión suficiente.

La palabra “bruja” aparece como etiqueta útil, no como elemento fantástico. Sirve para señalar lo que incomoda, lo que no encaja, lo que altera el orden sin necesidad de explicarlo demasiado.


🎶 Musical: cantar lo que no se puede decir

El gran giro de la película es que todo lo emocional se canta. Pero no como liberación, sino como sustituto imperfecto del habla.

Las canciones no suavizan nada. Al contrario, exponen lo que los personajes no saben gestionar en conversación normal. Suenan desajustadas, incómodas, como si la emoción se estuviera filtrando por un canal defectuoso.

Es un musical sin alegría real. Más cercano a la confesión forzada que al espectáculo.


👑 Tía Larga: la bruja sin magia pero con control total

Entra Tía Larga (Mary Santpere), que es “bruja” solo en el sentido social del término. No hay magia aquí, hay estrategia.

Su poder es la manipulación, el chantaje y la capacidad de moverse en un entorno donde todos esconden algo. Cada aparición suya reorganiza la tensión del relato. No necesita hechizos: le basta con saber demasiado.


🎨 Estética: feísmo que no pide perdón

La película no busca ser bonita. Y eso no es descuido, es postura.

La fotografía convierte el polvo, las fachadas desconchadas y la luz dura del campo en una estética coherente. Todo parece ligeramente roto, ligeramente fuera de sitio, como si el propio mundo estuviera mal encajado.

Y precisamente ahí aparece su belleza: en lo incómodo.


👁️ Personajes: atrapados sin salida emocional

Nadie evoluciona de forma clásica. No hay redención ni transformación clara.

Cada personaje parece empujado por fuerzas que no controla del todo: deseo, presión social, miedo al qué dirán. No son héroes ni villanos, sino piezas de un sistema emocional cerrado.


🔥 El resultado: tensión sin válvula de escape

El crimen no soluciona nada, solo confirma el estado del mundo. Todo lo que ocurre después no repara, solo prolonga la incomodidad.

La película no construye hacia una liberación, sino hacia una persistencia del conflicto. Como si nada pudiera resolverse del todo porque el propio entorno no lo permite.


😅 Humor: cuando lo raro se cuela sin pedir permiso

Hay humor, pero no está limpio. Aparece en los desajustes: en canciones demasiado serias, en reacciones que llegan tarde, en situaciones que rozan lo absurdo sin convertirse en comedia.

Es un humor seco, casi involuntario, que surge de la fricción entre lo que se quiere contar y cómo se está contando.


🕯️ Conclusión: una copla torcida que no se olvida

¡Bruja, más que bruja! no es una película cómoda ni pulida. Es irregular, extraña y deliberadamente áspera.

Pero tiene algo difícil de fabricar: personalidad absoluta.

No intenta gustar. Intenta existir como quiere.

Y al final se queda así, como una copla mal afinada que no se te va de la cabeza: incómoda, insistente y extrañamente viva.

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