Parásitos (2019)

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Póster de Gisaengchung (Parásitos)

Gisaengchung (Parásitos)

★★★★☆ 7.9 / 10
🎬 Año 2019
⏱ Duración 2h 6 min
🌍 País Corea del Sur
🎥 Director Bong Joon-ho
📖 Guion Bong Joon-ho, Han Jin-won
🎭 Género Drama, Suspense, Familia
💰 Presupuesto $11.400.000
💵 Taquilla $262.616.458

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Source: JustWatch

Parásitos (2019): análisis de la película de Bong Joon-ho

Parásitos (2019) es una de esas películas que parecen sencillas hasta que uno intenta explicar exactamente de qué van. Podríamos decir que trata sobre una familia pobre que consigue infiltrarse poco a poco en la casa de una familia rica, pero eso apenas describe la primera mitad. Bong Joon-ho utiliza esa premisa para hablar de desigualdad, ambición, humillación y violencia mientras cambia de la comedia al thriller con una naturalidad que hace que todo parezca mucho más fácil de lo que realmente es.

La película sigue a los Kim, una familia que vive en un semisótano de Seúl y sobrevive realizando pequeños trabajos. La oportunidad aparece cuando Ki-woo consigue empleo como profesor de inglés de la hija adolescente de los Park, una familia adinerada que vive en una espectacular casa situada en una zona elevada de la ciudad. Pronto descubre que también podría encontrar un hueco para su hermana, después para su padre y finalmente para su madre.

Lo que empieza como una pequeña mentira termina convirtiéndose en una operación familiar perfectamente organizada. Los Kim no se limitan a conseguir trabajo, sino que eliminan cuidadosamente a quienes ocupaban esos puestos antes que ellos. Durante un buen tramo Parásitos funciona casi como una comedia de estafadores, pero Bong Joon-ho va introduciendo pequeñas incomodidades que dejan claro que aquella situación es demasiado frágil para durar.

La película ganó la Palma de Oro en Cannes y posteriormente hizo historia al convertirse en la primera producción de habla no inglesa en recibir el Óscar a mejor película. Sin embargo, su importancia no depende de esos premios. Lo que sigue haciendo interesante a Parásitos es la precisión con la que convierte una historia de engaños familiares en una película donde una escalera, una tormenta o incluso un olor pueden contar más sobre sus personajes que cualquier discurso.


🏚️ La familia Kim: sobrevivir con lo que haya disponible

Bong Joon-ho presenta a los Kim sin idealizarlos. Son pobres, pero no aparecen convertidos en mártires ejemplares ni en personajes incapaces de tomar decisiones bastante cuestionables. Se quieren, funcionan bien como familia y poseen una enorme capacidad para adaptarse, aunque también saben mentir, manipular y apartar a cualquiera que se interponga en su camino.

Su vivienda resume perfectamente la situación en la que viven. El semisótano está prácticamente al nivel de la calle y posee una pequeña ventana desde la que contemplan borrachos, vecinos y cualquier otra actividad poco decorativa que ocurra en la acera. Cuando necesitan internet recorren la casa buscando alguna señal wifi ajena y, cuando los servicios municipales fumigan el barrio, deciden dejar la ventana abierta para aprovechar gratuitamente la desinfección.

La escena es divertida porque los Kim tienen una habilidad extraordinaria para sacar partido de cualquier circunstancia, incluso de una nube de insecticida entrando en el salón. Sin embargo, detrás de la comedia existe una realidad bastante menos agradable: cuando el margen económico es mínimo, cualquier cosa gratuita acaba teniendo valor.

También resulta importante que ninguno de ellos sea especialmente incompetente. Ki-jung se desenvuelve perfectamente como profesora de arte improvisada, Ki-taek sabe conducir, Chung-sook cumple sin dificultad con las tareas domésticas y Ki-woo puede ejercer como profesor. Bong Joon-ho no presenta a una familia incapaz de funcionar, sino a cuatro personas que hasta entonces habían permanecido fuera de los lugares donde podían demostrar lo que sabían hacer.


🎭 La gran estafa familiar: cuando Parásitos parece una comedia

La infiltración de los Kim constituye probablemente la parte más divertida de la película. Ki-woo entra primero gracias a una recomendación y unas credenciales falsas, pero pronto comprende que la casa de los Park ofrece suficientes oportunidades laborales como para colocar allí a toda la familia. El pequeño inconveniente es que algunos puestos ya están ocupados.

Ki-jung aparece haciéndose pasar por una prestigiosa especialista en arte infantil. Su personaje funciona especialmente bien porque comprende inmediatamente cómo tratar a la señora Park, una mujer ingenua y fácilmente impresionable que necesita escuchar que su hijo posee una sensibilidad artística extraordinaria. Ki-jung detecta rápidamente qué espera de ella y adopta una autoridad profesional que nadie se molesta demasiado en cuestionar.

Después llega el turno del chófer. Los Kim preparan una situación comprometida para que los Park sospechen de él y, una vez despedido, Ki-taek aparece como sustituto recomendado. La estrategia se vuelve todavía más elaborada cuando deciden apartar a Moon-gwang, el ama de llaves que lleva años trabajando en la casa.

Bong Joon-ho rueda toda esta parte con un ritmo casi de película de atracos. Cada miembro de la familia desempeña una función concreta y las mentiras se encadenan con una precisión que convierte el engaño en una pequeña coreografía. La gracia está también en que los Park participan involuntariamente en su propia manipulación porque confían muchísimo en las recomendaciones, las apariencias y el lenguaje adecuado.

El espectador disfruta viendo cómo los Kim ejecutan el plan, aunque las víctimas de la operación sean trabajadores que tampoco viven precisamente en la abundancia. Ese detalle, que al principio puede pasar casi desapercibido, cobrará bastante importancia cuando la película revele lo que realmente hay debajo de la casa.


🏠 La casa de Parásitos: arquitectura y diferencia de clases

La vivienda de los Park es uno de los elementos fundamentales de Parásitos. Bong Joon-ho utiliza la arquitectura para organizar visualmente las relaciones entre los personajes, hasta el punto de que buena parte de la película puede entenderse observando quién sube, quién baja y cuánto espacio tiene cada familia para moverse.

Los Park viven en una casa elevada, luminosa y rodeada por un gran jardín. Las habitaciones son amplias, los ventanales dejan entrar luz natural y existe suficiente espacio como para que algunas zonas parezcan tener como única función demostrar que alguien podía permitirse construirlas. Los Kim, en cambio, viven comprimidos dentro de un semisótano donde incluso encontrar cobertura de internet requiere cierta estrategia.

Las escaleras aparecen constantemente. Ki-woo asciende para llegar hasta la vivienda de los Park y desciende para regresar a su barrio. Bong Joon-ho repite estos movimientos de manera suficientemente clara como para que tengan significado, pero sin convertir cada escalón en una metáfora con instrucciones de uso.

La casa también está construida alrededor de lo visible y lo oculto. Desde el jardín de los Park todo parece abierto, limpio y perfectamente controlado, mientras que bajo esa superficie existe una zona de la que ni siquiera los propietarios tienen conocimiento. Cuando la película descubre ese espacio secreto, la arquitectura deja de representar simplemente la distancia entre dos familias y revela que el edificio contiene muchos más niveles de los que parecía.


🚪 El búnker: la película que creíamos estar viendo desaparece

El gran cambio de tono llega cuando los Park se marchan de acampada y los Kim aprovechan la casa vacía para beber, comer y fantasear durante unas horas con una vida que no les pertenece. Hasta ese momento Parásitos ha funcionado principalmente como una comedia negra muy bien controlada. Entonces llaman al timbre.

Moon-gwang, la antigua ama de llaves, regresa afirmando que necesita recuperar algo que dejó en la vivienda. Su comportamiento resulta extraño desde el primer momento, pero lo verdaderamente inesperado aparece cuando conduce a Chung-sook hasta un pasadizo oculto que comunica con un búnker secreto.

Allí vive Geun-sae, el marido de Moon-gwang, escondido desde hace años para escapar de unos prestamistas. Los Park ni siquiera saben que existe. El hombre sobrevive gracias a la comida que le proporciona su esposa y ha desarrollado una relación casi religiosa con el propietario de la casa, a quien agradece cada día, mediante las luces del edificio, una vida cómoda de la que él solo recibe las sobras.

El descubrimiento modifica por completo la película porque los Kim dejan de ocupar automáticamente el lugar más bajo. De repente aparece alguien todavía más hundido, tanto en sentido económico como literal. La casa, que parecía dividida entre quienes poseen todo y quienes trabajan para ellos, revela un subsuelo donde sobrevive alguien que ni siquiera participa oficialmente de esa relación.

A partir de aquí Parásitos abandona buena parte de la ligereza anterior. La aparición del búnker no introduce simplemente un secreto, sino una nueva amenaza. Los Kim y Moon-gwang comprenden que cualquiera de las dos familias puede destruir a la otra con muy poco esfuerzo y el problema deja de ser cómo entrar en la casa para convertirse en quién consigue permanecer dentro de ella.


👃 El olor: aquello que los Kim no pueden ocultar

Uno de los detalles más incómodos de Parásitos es el olor. El señor Park empieza a comentar que Ki-taek desprende un aroma particular y, poco a poco, esa observación se extiende también a otros miembros de la familia. Como los Park desconocen que están relacionados, interpretan esa semejanza como algo propio de determinado tipo de personas.

No se trata simplemente de falta de higiene. El olor procede del semisótano, de la humedad, del transporte público y de unas condiciones de vida que los Kim no pueden eliminar poniéndose ropa diferente. Pueden falsificar documentos, cambiar su forma de hablar e inventarse profesiones, pero existe algo que continúa revelando de dónde vienen.

Para Ki-taek esos comentarios resultan especialmente dolorosos porque suele escucharlos cuando los Park creen que él no presta atención. El señor Park lo considera un buen empleado y aprecia su discreción, pero también deja claro que existe una frontera que el chófer no debería atravesar. El olor termina condensando esa distancia mejor que cualquier conversación explícita.

Bong Joon-ho convierte así una cuestión aparentemente banal en una forma de humillación. Ki-taek puede interpretar correctamente el papel que se espera de él, pero nunca consigue sentirse completamente invisible. Hay algo que continúa delatándolo y que además provoca repulsión en las personas para las que trabaja.


🌧️ La tormenta: una misma lluvia, dos consecuencias

La tormenta contiene probablemente la imagen más clara de la desigualdad que atraviesa toda la película. Después de abandonar precipitadamente la casa de los Park, los Kim regresan a su barrio descendiendo durante varios minutos por escaleras, pendientes y calles cada vez más inundadas.

Cuando llegan al semisótano encuentran la vivienda prácticamente destruida. El agua ha entrado por todas partes, las pertenencias flotan y las aguas residuales comienzan a salir por el baño. La familia intenta rescatar lo que puede antes de acabar pasando la noche en un pabellón junto a otras personas que también han perdido sus casas.

A la mañana siguiente la señora Park llama a Chung-sook porque ha decidido celebrar una fiesta improvisada en el jardín. La lluvia ha obligado a cancelar la excursión familiar, pero ha dejado un día precioso y el aire está especialmente limpio. Para ella, la tormenta ha sido poco más que un contratiempo meteorológico.

La escena funciona porque Bong Joon-ho no necesita añadir ninguna explicación. La misma lluvia que ha destruido la casa de los Kim ha mejorado el jardín de los Park. No estamos ante dos opiniones diferentes sobre el tiempo, sino ante dos realidades que existen a pocos kilómetros de distancia y que apenas llegan a tocarse.

La señora Park puede hablar alegremente del buen día mientras Chung-sook prepara la fiesta después de haber pasado la noche en un refugio. Esa desconexión resulta mucho más efectiva que cualquier discurso sobre la desigualdad porque muestra hasta qué punto ambas familias viven dentro de la misma ciudad y, al mismo tiempo, en mundos completamente distintos.


💰 ¿Quiénes son los parásitos de la película?

El título invita inevitablemente a señalar a alguien. La respuesta más inmediata serían los Kim, que entran en la casa de los Park mediante engaños y consiguen que toda la familia viva de los salarios que obtiene allí. Sin embargo, Bong Joon-ho evita que la palabra tenga un único destinatario.

Los Kim dependen económicamente de los Park, pero los Park también necesitan una estructura de trabajadores para mantener su estilo de vida. Profesores, chóferes y empleados domésticos hacen posible una comodidad que parece natural precisamente porque quienes realizan ese trabajo permanecen casi siempre fuera del centro de atención.

Geun-sae lleva esta dependencia hasta un extremo absurdo. Vive literalmente bajo la casa, alimentándose gracias a Moon-gwang y agradeciendo al señor Park una generosidad que este ni siquiera sabe que está ejerciendo. Su situación convierte la idea del parásito en algo mucho más incómodo porque ya no resulta tan fácil distinguir dónde termina la dependencia y dónde empieza la explotación.

La película tampoco parece especialmente interesada en resolver la cuestión. Lo importante es que todos los personajes forman parte de una estructura donde alguien necesita siempre algo de otra persona. El problema surge cuando esa dependencia se combina con una diferencia de poder tan grande que algunos pueden desaparecer sin que quienes están arriba apenas se enteren.


⚔️ Los de abajo también compiten entre ellos

El conflicto más duro de Parásitos no se produce realmente entre los Kim y los Park, sino entre los Kim y Moon-gwang. Cuando ambas familias descubren sus respectivos secretos, no aparece ninguna solidaridad automática. Lo que comienza es una pelea desesperada por conservar un lugar dentro de la casa.

Moon-gwang necesita proteger a su marido. Los Kim necesitan conservar sus empleos. Ninguno posee suficiente seguridad como para permitirse compartir el poco terreno que ha conseguido ocupar, así que la presencia del otro se convierte inmediatamente en una amenaza.

Aquí la película se vuelve especialmente cruel porque muestra una competencia donde quienes tienen menos terminan haciéndose daño entre ellos mientras los propietarios de la casa permanecen completamente ajenos a lo que ocurre bajo sus pies. Los Park pueden sustituir a un trabajador por otro sin alterar demasiado su vida; para quienes dependen de esos puestos, en cambio, perderlos puede significar volver al punto de partida.

Bong Joon-ho no necesita insistir mucho más. La pelea en el sótano ya contiene toda la idea: cuando apenas hay espacio para subir, quienes se encuentran abajo pueden terminar pisándose entre ellos en lugar de mirar hacia arriba.


🔪 El final de Parásitos: cuando todo termina rompiéndose

La fiesta de cumpleaños reúne finalmente todas las tensiones acumuladas. Geun-sae consigue salir del búnker, ataca a Ki-woo con la piedra y aparece después en el jardín, donde hiere mortalmente a Ki-jung. El orden casi artificial de la casa desaparece en cuestión de segundos.

Mientras su hija se desangra, Ki-taek observa cómo el señor Park intenta recuperar las llaves del coche porque quiere llevar a su hijo al hospital. Cuando Park se acerca al cuerpo de Geun-sae, reacciona con repulsión ante su olor. Ese gesto aparentemente pequeño termina siendo el detonante definitivo.

Ki-taek lleva toda la película acumulando humillaciones discretas. Ha escuchado comentarios sobre cómo huele, ha perdido su casa la noche anterior y acaba de ver cómo la violencia destruye a su familia. Cuando observa la reacción de Park, algo se rompe y lo apuñala sin que exista ningún plan previo.

La escena resulta poderosa precisamente porque la película no convierte ese momento en una gran liberación. El asesinato no resuelve nada. Ki-taek huye y termina escondido dentro del mismo búnker donde vivía Geun-sae, ocupando literalmente el lugar del hombre que anteriormente estaba debajo de él.

El movimiento resulta especialmente cruel: durante toda la película los Kim han intentado ascender y Ki-taek termina enterrado en el nivel más profundo de la casa.


🪨 La piedra y el sueño de Ki-woo

La piedra que recibe Ki-woo al comienzo de la película representa supuestamente prosperidad y buena fortuna. Al principio parece acompañar el ascenso de la familia, especialmente cuando Ki-woo consigue introducirse en casa de los Park y empieza a imaginar un futuro diferente.

Con el tiempo el objeto adquiere un significado mucho más ambiguo. Ki-woo llega a decir que siente que la piedra lo sigue, como si aquella promesa de riqueza se hubiera convertido en una carga. Finalmente Geun-sae la utiliza para golpearlo brutalmente, transformando el símbolo de prosperidad en un arma.

Después de sobrevivir, Ki-woo descubre que su padre permanece escondido en el búnker. Entonces imagina un plan: estudiará, conseguirá trabajo, ganará suficiente dinero y algún día comprará la casa. Cuando lo consiga, Ki-taek podrá simplemente subir las escaleras y salir al jardín.

Durante unos instantes la película muestra ese futuro como si realmente hubiera sucedido. Vemos a Ki-woo llegar convertido en propietario y reencontrarse con su padre. La fantasía es tan sencilla y emocionalmente satisfactoria que resulta fácil dejarse llevar.

Entonces Bong Joon-ho vuelve al semisótano.

Ki-woo continúa allí, escribiendo la carta y soñando con una cantidad de dinero que probablemente nunca conseguirá reunir. El final no necesita decir que su plan es imposible; basta con devolverlo al mismo lugar desde el que empezó.


🎬 Bong Joon-ho y el equilibrio entre comedia, thriller y drama

Una de las mayores virtudes de Parásitos es la facilidad con la que Bong Joon-ho cambia de género sin que la película parezca fragmentada. La primera parte posee el ritmo de una comedia de engaños, después aparece el suspense, más tarde el thriller y finalmente una violencia seca que resulta especialmente efectiva porque llega después de tanto control.

El humor nunca desaparece por completo, pero tampoco sirve únicamente para aliviar la tensión. Muchas de las situaciones más divertidas contienen ya algo incómodo. Nos reímos con la estrategia utilizada para expulsar al ama de llaves antes de descubrir que esa mujer estaba intentando mantener con vida a su marido escondido.

Bong Joon-ho llevaba años trabajando con esta mezcla de tonos en películas como Memories of Murder, The Host o Snowpiercer, pero en Parásitos alcanza probablemente su equilibrio más preciso. La película puede pasar de una situación absurda a otra profundamente violenta sin que ninguno de los dos registros parezca pertenecer a una obra diferente.

También resulta fundamental su puesta en escena. La cámara utiliza constantemente puertas, cristales, escaleras y cambios de nivel para ordenar a los personajes dentro del espacio. La película está hablando de posiciones sociales incluso en escenas donde nadie menciona el dinero.


⭐ Parásitos (2019): una película construida para quedarse dando vueltas

El enorme éxito internacional de Parásitos podría hacer pensar que estamos ante una película especialmente accesible, pero resulta curioso recordar todo lo que contiene. Hay falsificaciones, chantaje, un hombre escondido durante años en un búnker, una vivienda llena de aguas residuales, una piedra utilizada como arma y una fiesta infantil que termina en una carnicería.

Y, sin embargo, todo encaja.

Bong Joon-ho consigue que una historia muy vinculada a la sociedad coreana resulte comprensible prácticamente en cualquier lugar porque sus personajes desean cosas bastante universales: estabilidad, reconocimiento, dinero suficiente para dejar de preocuparse y la posibilidad de vivir un poco mejor que el día anterior.

Lo más interesante es que Parásitos nunca ofrece una solución. Nadie aprende una lección capaz de arreglar el mundo, la violencia no cambia la estructura que la produjo y la posibilidad de que Ki-woo compre algún día la casa existe únicamente como fantasía.

La última imagen devuelve al joven al semisótano y cierra la película casi exactamente donde había empezado. Después de todos los engaños, las oportunidades y los desastres, la distancia entre ese lugar y la casa de los Park continúa siendo la misma.

Quizá por eso Parásitos sigue funcionando tan bien años después de su estreno. Bong Joon-ho construyó una película entretenida, divertida en los momentos menos apropiados y tremendamente amarga cuando decide dejar de hacer gracia. Lo mejor es que nunca parece necesitar explicarnos demasiado lo que está diciendo. Coloca una casa arriba, otra abajo y deja que las escaleras hagan el resto.

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